Mirada del vacío
En época de verano, solía despertar en la madrugada y salir a mi balcón, para intentar atrapar el poco aire fresco que traía consigo la noche; mientras me refrescaba, perdía la mirada en las calles débilmente iluminadas de mi ciudad, escuchaba el ladrar de los perros y las voces alegres de algunos borrachos que salían de un bar no muy lejano.
Tras mirar la ciudad, perdía mi vista en el cielo nocturno, más que las estrellas, me gustaba mirar al vacío del espacio, hasta quedar profundamente dormido, más tarde volvía a despertar, ya fuera porque los primeros rayos del sol pegaban en mi rostro, o por el bullicio de la gente camino al trabajo.
Esa noche salí al balcón a hacer mi rutina veraniega, todo iba como de costumbre, hasta que algo a lo lejos llamó mi atención, era una persona corpulenta, que caminaba torpemente por la calle, un borracho sin duda, que se movía de manera extraña, y que causaba risa con sus irregulares movimientos.
Deje de prestarle atención, asumí que tomaría camino al parque, para dormir en alguna de las bancas de cemento de este, creí eso hasta que escuché unos pasos, acercándose a mi balcón.
Volteé sin saber que miraría directamente al vacío, ahí mejor iluminado, no me encontré con un borracho, sino con un ser oscuro, de una negrura tan profunda como el vacío del espacio, una mezcla entre bulto y humano, que intentaba avanzar con algo que aparentaban ser extremidades.
Aquello se detuvo, giró su forma y supongo, que me devolvió la mirada, porque a pesar de no tener rostro, sentí el peso de su ser perturbar mi corazón y llenarlo de sentimientos de tristeza, quise llorar sin razón alguna, pero apenas corrían las lágrimas por mi rostro, me dejé caer al piso e intenté escapar de aquella mirada.
No sirvió de mucho, aquel ser de vacío susurraba palabras inentendibles de una boca no visible; su voz taladró mi cabeza y sentí mi cerebro a punto de estallar. Intenté arrastrarme a mi dormitorio, pero fue en vano, pues perdí el conocimiento.
Mas tarde, me despertó el bullicio de la gente, desorientado y creyendo que todo había sido una pesadilla, me devolví a mi cuarto para conciliar el sueño.
Las siguientes noches, la pesadilla continuó, incapaz de salir al balcón, podía escuchar la voz del ser de vacío colarse por mi ventana; la tristeza y la desesperación me inundaba, lloraba amargamente hasta quedar dormido.
El cuarto día uno de mis hermanos llegó a buscarme, habían notado que estaba cayendo en una profunda depresión, no volví a mi cuarto sino hasta meses después, cuando la voz ya no pude alcanzarme.
Si bien ya estoy mejor, hasta la fecha, cada que cae la noche, soy incapaz de salir al balcón, pues tengo miedo de encontrarme nuevamente al ser del vacío.




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