Un Paseo en Bicicleta
Esa noche detuve mi bicicleta, para observar el amplio camino que tenía que atravesar, si te soy sincero, tuve miedo con tan solo ver aquella enorme distancia oscura...
Mi casa está cerca del panteón, al oriente de la ciudad, para llegar a ella, tengo que atravesar el camino conocido como "El Chichal", esa larga disque cuadra, sin ninguna vivienda cercana y que tiene una retajila de árboles frutales de los dos lados. Eran las once de la noche y me encontraba yo solo, iluminado escasamente por el foco de la última casa, viendo con gran terror la inmensa oscuridad del camino, lo único bueno era, que la luz de la luna no estaba oculta del todo, por lo que lograba ver algunas cosas de aquella terracería, después de pensarlo como unos diez minutos y de que las diversas historias de espanto, que rondan en el lugar, se alejaran de mi mente, respire hondo, me persine unas tres veces y con algo de valor, continué la marcha.
Después de las primeras pedaleadas, el miedo se alejo de mi mente, así que me dispuse a cruzar con mas confianza, no oía ruidos extraños, mas que el de sapos, grillos y algunas pisadas de animales nocturnos, támpoco vi ninguna sombra o silueta, "patrañas" me dije a mí mismo y continue el rumo con mas fuerza. Ya había cruzado medio tramo, cuando sentí un peso extra en la bicicleta, el miedo regreso y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, en el momento en que dos frias manos se posaban en mi espalda. "Maldita sea, los diablos traseros", sin duda alguna, alguien se había subido y se sostenía de mi cuerpo.
Cerré los ojos un instante y di un fuerte suspiro, con miedo, gire la cabeza lentamente para ver a mi acompañante, me tope con unos enormes ojos y una larga hilera de dientes blancos, que brillaban con la luna al sonreír... mis brazos y piernas no respondieron, quede congelado por unos instantes, ¡el tzipe iba de pasajero en mi bicicleta!, me miraba fijamente con un rostro de felicidad, al parecer el condenado ser disfrutaba del paseo, pensé en detenerme, pero no tenía el valor para afrontarlo. Bien se sabe por estas terras que si se le enfada, es capaz de quemarte la piel, con sus manos y también enfermate de calentura, no... no estoy tan loco, mejor continué, en algún momento se tendía que bajar, pedalee lo mas duro que pude y nuevamente agarre velocidad. Se le escaparon algunas carcajadas al horripilante ser, "mas rapido, mas rapido" decía emocionado con una voz de ultratumba, por mi bien, le obedecí.
Fueron unos minutos eternos y mi corazón palpitaba muy rapido, hasta que llegue a la primera casa y sentí por fin, que el peso de mi bicicleta se aligero, aún así no quise voltear hasta estar completamente iluminado, cuando mire detrás, ya no había nadie, el tzipe se había esfumado y la oscuridad había quedado atrás.
Te juro por todos los santos, que desde ese día, no me quedo hasta la noche en el pueblo, prefiero regresarme temprano y es que encontrarme con aquel niño come carbón, es lo último que deseo.
El zipe o tzipe, es una leyenda que se cuenta en el estado de Chiapas, se refiere a un ser, de una estatura similar a un niño, delgado y negrito, con los pies al revés y gusta de comer carbón.
Adaptación: Luis C. Perez
Leyenda el zipe
Leyenda el zipe
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Imagen: web
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