¿Tienes fuego?








En algún lugar de la costa, Chiapas
01 de Agosto del 2010
-¿Ya te sientes mejor?-

-Si, ya algo Pa- 

-Ahora sí, entonces cuéntame que te paso y de manera pausada, porque no te entiendo si tartamudeas-

-Bueno...mira Pa...yo- 

-Calmado hijo, que no te gane el miedo, tomate un respiro y comienza de nuevo...- 

-Como bien sabes, desconocía el camino para tu rancho, así que seguí tus instrucciones, deje el auto en la casa de mi tía y platique un rato con ella, me dijo por cual vereda tenía que caminar para llegar a tu casa, me despedí de ella y comenzé el trayecto. Pase por la pequeña colonia, donde en el tendejon un tal Cipriano, me indico la misma ruta que había tomado, durante todo el camino solo pensaba algo, que buen lugar elegista para vivir, tranquilo y con mucha naturaleza, vi pasar a uno que otro campesino, a gente montada a caballo, hasta que llegue a la roca que tienen pintado con el nombre de la ranchería.

-Desde ese punto, el camino se hizo cada vez mas solitario, pese a uno que otro animal que escuchaba o veía. Y al poco rato de andar allí estaba el rio, me refresque un rato en el y seguí el rumbo, al estar del otro lado, el clima cambio de repente, ya no había calor sino un buen de frio, aunque intuí que por el rio, estaría mas fresco, fue muy drástico el cambio y al empezar a subir la vereda, vi a lo lejos un hombre al parecer un campesino, por el enorme sombrero que llevaba, estaba recargado en un árbol, como si estuviera durmiendo por que se veía quieto. 

-Al pasar ya cerca de él, levanto un poco la cabeza y me pregunto si tenía fuego, pensé que era algún borracho, por sus movimientos toscos, pero la voz con la que me pidió fuego, fue clara y gruesa, en esé momento solo se me ocurrió hacerle caso y sacar el encendedor de mi bolsillo...al extender la mano el tipo saco un cigarro, de esos que ni filtro tienen, le di vuelta a la rosca y cuando salió el fuego...no le ilumino el rostro, lo juro, el cabrón estaba frente a mí, la llama le ilumino directamente y aun así no se veía, quede estático, sin saber qué hacer, él sólo absorbió un poco de humo y se recargo nuevamente en el árbol. 

-Lo último que me dijo fue lo que más me atemorizo- nuevamente hizo una pausa, más larga que la anterior, los bellos se le erizaban y comenzaba a sudar frio. 

-¿Que te dijo?- Preguntó el padre, consternado por la actitud de su hijo 

-Me dijo... ¿qué paso Juan Carlos? ¿Por qué te pusiste pálido? Parece que hubieras visto al mismísimo diablo, cuando me dijo eso, solo corrí, hasta tire el encendedor, mientras el hijo de la chingada, se carcajeaba, se burlaba de mi- 

Juan terminó el relato y sintió ganas de vomitar, el solo hecho de contarlo, le había provocado nauseas. 


Esta historia le sucedio a un amigo de la secundaria, para corroborarla su padre nos conto lel mismo relato, de lo que mi amigo vio ese día, a la edad de 17 años. Cuentan que en esa comunidad, por los rumbos a Tonala, después de haber cruzado el rio y caminar un poco más, suele aparecer un hombre con sombrero, ya sea sentado, en una piedra o recargado en un árbol, el siempre te pedirá fuego, cuentan que si le das fuego solo te llevaras un pequeño susto, pero si no satisfaces su mandato, pobre de ti, pues podrás ver el rostro de aquel hombre, lo que te llevara hasta la locura o la muerte.



 Historia contada por Juan Carlos (Compañero de Secundaria)
Autor: Luis C. Pérez
IMAGEN: El Sombrerón/Autor: Luis C. Pérez

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